Intervención de Carlos Delgado en el Debate sobre el estado de la ciudad 2026

Participo hoy en este Debate sobre el Estado de la Ciudad como portavoz de ULEG y como 1er Teniente de alcalde con la templanza de quien sabe que el mejor balance no se construye con palabras, sino con hechos. Y si algo caracteriza el momento que vive Leganés es precisamente eso: que los hechos han terminado imponiéndose al ruido y al pesimismo que algunos quisieron convertir en la banda sonora de esta legislatura.
Hace tres años, cuando asumimos la responsabilidad de gobernar en coalición, nos encontramos con una realidad compleja. Una ciudad con enormes posibilidades, con un tejido social extraordinario, con vecinos comprometidos y trabajadores, pero también con proyectos paralizados y con demasiadas inercias que amenazaban con convertir la resignación en una forma de gobierno.
Nosotros, como ha comentado en su discurso el alcalde en nombre de la coalición decidimos como equipo recorrer otro camino. Decidimos creer en Leganés, que esta ciudad merecía más ambición, más gestión y más futuro.
TRANSFORMACIÓN
Y hoy, tres años después, podemos afirmar con orgullo que Leganés ha cambiado profundamente. Ha cambiado porque hemos recuperado la capacidad de impulsar proyectos, porque hemos demostrado que gobernar consiste en resolver problemas y no en fabricar conflictos. Ha cambiado porque donde antes había parálisis, hoy hay movimiento; y donde antes algunos solo veían límites, hoy encontramos oportunidades.
No ha sido fácil. Nunca lo es cuando cada decisión exige equilibrio, diálogo y trabajo. Y nunca lo es cuando estando el gobierno en minoría la oposición decide renunciar a la construcción para instalarse permanentemente en la confrontación.
PAPEL DE LA OPOSICIÓN
Porque también hay que hablar de eso. Hay que hablar del papel que ha desempeñado la oposición durante estos tres años. Y hay que hacerlo sin acritud, pero con claridad.
La oposición tiene una función imprescindible en democracia. Fiscalizar, controlar, proponer alternativas y mejorar las decisiones del gobierno cuando sea posible. Esa es una tarea noble y necesaria.
Sin embargo, lo que hemos visto en demasiadas ocasiones ha sido algo muy distinto. Y no nos referimos a que por algún grupo ya han pasado 3 secretarios generales y 3 portavoces en 3 años, denotando la carencia de proyecto y liderazgo. Nos referimos a que hemos visto una oposición que confundió discrepancia con bloqueo. Una oposición que eligió el “no” antes incluso de escuchar las propuestas. Más preocupada por el desgaste político que por el avance de la ciudad. Partidos que, en lugar de preguntarse qué necesitaba Leganés, se preguntaban qué podía perjudicar al gobierno aunque en el proceso se dañara a la ciudad, se renunciara a hacer política y se fundaran extraños matrimonios que solo pueden generar engendros. Lo más llamativo es que ese intento permanente de bloqueo no solo no ha logrado detener el progreso de la ciudad, sino que ha terminado evidenciando una profunda desconexión con la realidad de los vecinos. Están en su mundo.
Mientras anunciaban catástrofes, los proyectos seguían adelante. Y esa es quizá la mayor paradoja de esta legislatura .Quienes quisieron impedir los avances no lo consiguieron. Pero sí lograron algo: quedar retratados y desperdiciar una oportunidad histórica para contribuir al progreso de la ciudad. La aprobación de dos presupuestos por sendas cuestiones de confianza son el mayor fracaso que haya vivido una oposición en la historia de la democracia pepinera: ¡Vaya impericia la suya para no aprovechar un gobierno en minoría y obtener frutos programáticos! Es triste que solo hayan negociado tener sueldos y horarios para poder compatibilizarlos.
Porque una legislatura es un tiempo valioso. Son años irrepetibles. Ocasiones que no vuelven. Y los votos no se entregan para bloquear, por supuesto tampoco para venderlos o ser comprados o vociferar que no se entregan gratis. Los votos se entregan para construir. Los votos no son un mandato para decir “no” a todo. Son una responsabilidad para mejorar la vida de las personas.
Por eso hay que preguntarse cuántas propuestas podrían haber sido enriquecidas. Cuántos consensos podrían haberse alcanzado.
DIÁLOGO FRUSTRADO
Porque nosotros nunca hemos cerrado la puerta al diálogo. Al contrario, ha estado abierta y con una hoja en blanco las 24 horas del día. Lo que hemos pedido siempre ha sido algo mucho más sencillo: poner a Leganés por delante de cualquier interés partidista.
Y, lamentablemente, no todos han estado a la altura de esa exigencia. Frente a esa política de trincheras, nosotros hemos defendido otra manera de entender la vida pública.
Una política basada en la moderación, en el equilibrio. Por eso este gobierno, gracias al papel de ULEG, a su sello, ha llegado a acuerdos con el gobierno de la Nación, PSOE, y de la comunidad de Madrid, PP, mientras ustedes no se ponen de acuerdo ni para aprobar sus propias mociones. Háganselo mirar.
La experiencia demuestra que los grandes avances de las sociedades no nacen de los extremos. Nacen de la capacidad de encontrarse. De la inteligencia de comprender que nadie posee toda la verdad. Y por esta línea va una de nuestras propuestas de resolución, la de reclamar que uno de los principales problemas de nuestros vecinos, la vivienda, sea un asunto de estado y nuestra ciudad lidere esa bandera como Toledo fue el escenario del pacto de estado por las pensiones.
Gobernar desde la moderación significa asumir que las soluciones complejas rara vez admiten respuestas simples, sectarias o unilaterales. Por eso hemos rechazado la política de la bilis y de la tripa. Hoy en sus discursos siguen hablando desde el estómago, pero no desde el corazón y menos aún desde la cabeza.
Después de tres años, creo que todos hemos aprendido algo. Que existe una diferencia enorme entre hacer oposición y oponerse a todo. Porque lo segundo no es una estrategia política. Es una actitud vital. Y además una actitud improductiva. Inútil. Y el esfuerzo inútil conduce a la melancolía como dijo Ortega y Gasset. Y solo hay que ver sus discursos, ahítos de melancolía, victimismo y resquemor. Tan previsibles como autodestructivos. Adictos a poner etiquetas y a exagerar anécdotas ante la falta de fuste en los argumentos.
Si alguien hubiera apostado hace tres años a cuántas veces escucharíamos el "no" en este salón de plenos, probablemente hoy sería millonario.
No a las inversiones. No a los proyectos. No a las mejoras. No a los acuerdos. No a las iniciativas. No al diálogo. No, no y no. Esa sí que es la procesión más repetido. Al santo No.
Una oposición tan instalada en el rechazo permanente que por momentos parecía más una costumbre, un estilo de vida, que una posición política. Oscar Wilde decía que el cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada. Y hemos tenido la sensación de asistir a algo parecido: discursos capaces de encontrar un problema en cada solución y un inconveniente en cada oportunidad. Y sin embargo la realidad ha sido tozuda: fuera por vía de remanente, fuera por vía de presupuesto, se invitara a negociar en persona o por correo, se llevaran propuestas concretas o se dejara abierto el objeto de negociación, se hiciera por separado o por conjunto, siempre la respuesta era y es la misma: no, nunca, para nada. Rechazan hasta lo que nunca se les ha ofrecido.
Lo que piden a través de mociones o ruegos, lo niegan cuando llega la hora de asignar recursos.
Y aquí a la nostalgia se le suma la frustración: Leganés, muy a su pesar, ha seguido funcionando. Todo ello sin subir ningún tributo y liberando a Leganés de la tasa de basura. Y lo cierto es que resulta difícil bloquear una ciudad cuando los vecinos tienen más ganas de avanzar que algunos políticos de impedirlo.
PROBLEMAS VS SOLUCIONES
Aún queda un año de mandato y tienen en su mano seguir generando problemas o trabajar en buscar soluciones. Y esas soluciones no son una tarea individual. Porque el progreso de una ciudad nunca es patrimonio exclusivo de un gobierno. Y precisamente por respeto a esa ciudadanía comprometida debemos reivindicar una política mejor. Porque claro que Leganés tiene áreas donde mejorar y donde las quejas de los vecinos son legítimas, pero no estaría mal por su parte que si no quieren arrimar el hombro al menos dejen de poner palos a las ruedas.
Por eso este Debate sobre el Estado de la Ciudad debe servir también para reflexionar sobre qué modelo político queremos para el futuro. Si queremos una política dominada por el enfrentamiento permanente o una política orientada a los resultados.
Nuestra posición es clara. Queremos una ciudad abierta. Leganés cumple 400 años como villa y otra de nuestras propuestas de resolución que presentaremos va encaminada a que este hito histórico se celebre de manera conjunta, participativa y sea una oportunidad fantástica para hacer brillar a nuestra localidad como lo que es: Una ciudad moderna y dinámica, donde las diferencias ideológicas no impidan alcanzar acuerdos beneficiosos para la mayoría.
Hace tres años asumimos la responsabilidad de gobernar con una idea clara: Leganés no podía resignarse a gestionar la inercia. Necesitaba recuperar la ambición, volver a creer en sí misma. Necesitaba un gobierno capaz de imaginar cómo queríamos que fuera nuestra ciudad dentro de diez, veinte o treinta años.
Hoy podemos afirmar que Leganés ha iniciado una transformación profunda. No voy a reiterar lo ya comentado por el alcalde. Una transformación visible en los grandes proyectos, pero también en los pequeños detalles. Visible en las inversiones estratégicas, pero también en esas actuaciones cotidianas que mejoran la vida de una familia, de una persona mayor, de un niño o de una mascota.
Porque gobernar una ciudad consiste precisamente en eso: en saber mirar al mismo tiempo el horizonte y la acera.
RAFA JODAR
Hemos trabajado para construir una ciudad más feliz y alegre, donde los vecinos vuelvan a sentir orgullo de pertenencia. Porque las ciudades también tienen estados de ánimo y rechazan a los aguafiestas profesionales. Y durante demasiado tiempo Leganés parecía haber asumido que no podía aspirar a más. Nosotros nunca aceptamos esa idea. Humildad y ambición como la que muestra una prometedora figura del deporte con claro adn pepinero, el tenista Rafa Jódar, al que también queremos a través de una propuesta de resolución que eternice con su nombre las pistas de tenis del complejo deportivo de Leganés Norte que se inició en este mandato y se terminará antes de que finalice, otro hecho de incuestionable valor.
Siempre creímos que esta ciudad tenía capacidad para liderar, para innovar y para convertirse en una referencia en el sur de Madrid. Y por eso impulsamos proyectos que hace apenas unos años parecían imposibles.
El mejor ejemplo de esa ambición tiene un nombre propio: Solagua. El Complejo Deportivo Solagua va más allá de una inversión, una infraestructura o una instalación deportiva. Es el proyecto más emblemático de este siglo XXI. La joya, declarada y legal, de la corona municipal. Y ayer mismo se aprobó en junta de gobierno la adjudicación de unas obras que comenzarán en un par de meses y que cristalizarán para disfrute de todos en 2 años.
El símbolo de una nueva forma de entender el futuro de Leganés. Un espacio lleno de recuerdos para varias generaciones, pero también un símbolo de abandono y resignación. Nosotros decidimos cambiar esa historia. Porque los gobiernos transformadores no se limitan a administrar lo existente. Son capaces de recuperar sueños que parecían olvidados y convertirlos en realidades.
Solagua es eso. La demostración de que Leganés ha recuperado la ambición de pensar en grande. Un mensaje contra la especulación y de apuesta por lo público.
Pero nuestra apuesta por el futuro no termina ahí.
También hemos impulsado proyectos fundamentales para fortalecer la vida comunitaria y la cohesión de nuestros barrios. Los nuevos centros cívicos de Arroyo Culebro y Vereda representan mucho más que edificios. Representan espacios de encuentro, convivencia, cultura, formación…
Porque creemos en una ciudad donde los barrios tengan protagonismo, donde la vida vecinal siga siendo uno de los principales patrimonios de Leganés, como lo son las recuperadas juntas de distritos o los consejos sectoriales.
MICROURBANISMO
Este gobierno ha entendido que la política municipal no puede quedarse en los grandes proyectos. Porque las transformaciones urbanas son importantes, pero la felicidad cotidiana de los ciudadanos muchas veces depende de cuestiones aparentemente pequeñas. Y aquí quiero reivindicar una filosofía fundamental: la del microurbanismo. La política de las pequeñas cosas. La política que presta atención a los detalles.
Porque una ciudad no mejora únicamente cuando inaugura grandes equipamientos. También mejora cuando elimina molestias diarias. Cuando resuelve problemas enquistados. Qué decir de cómo heredamos el centro de tratamiento de adicciones, las escuelas infantiles, la escuela de música o los teatros. Pensemos, por ejemplo, en una actuación que podría parecer menor desde fuera, pero que llevaba años generando frustración: el conocido puente tragacamiones. Durante demasiado tiempo los vecinos contemplaron cómo se repetían una y otra vez los mismos accidentes, los mismos atascos y las mismas imágenes absurdas.
Muchos asumieron que aquello era inevitable o lo querían arreglar con toneladas de millones de euros, aderezadas con chistorras o lechugas. Nosotros no. Y la instalación del gálibo puso fin a un problema que parecía eterno. Y esa es precisamente la esencia del buen gobierno municipal. Resolver problemas. No importa si son grandes o pequeños. Importa que afectan a los ciudadanos.
Donde unos ven un palo, como quien mira el dedo cuando se señala la luna, otros vimos una fórmula para mejorar la calidad de vida de la gente al menor coste. Ahora parece fácil. ¿Pero por qué no se hizo antes? O cuando después de 15 años hemos puesto a funcionar el reloj de autómatas de Plaza Mayor o sacar un proyecto para el centro cívico de Leganés Norte, o que en todos los centros de mayores haya cafetería y peluquería, o recuperar las Lunas del Egaleo o instalar fuentes para mascotas y personas en la Plaza de Somoto. Insisto, si es tan fácil, ¿por qué no se hacía antes?
Miren, y ya concluyo, gobernar bien una ciudad exige atender simultáneamente las dos escalas. La del futuro y la del presente. Mañana tendrán otra ocasión, pudiendo aprobar mejoras en barrios e instalaciones.
BAJEN DEL FALCON
Ojalá en este año de mandato que queda aterricen a la esencia de la política local. Dejen ese derrotismo que tanto se les nota dando por hecho que gobernaremos otros 4 años porque nos atribuyen y reprochan decisiones que solo se podrán hacer por quien gobierne el próximo mandato.
Bajen del Falcon ideológico en el que están recluidos, pisen la calle, vivan la ciudad, sean felices y repartan menos carnés que nadie les ha pedido. La vida es bella.
Nunca es tarde y estoy convencido de que los leganenses se lo agradecerán.
